jueves, 6 de diciembre de 2012
Mis dragones
Los dragones que habitan en mi mente escupen fuego de desesperación, tratando de consumir el tiempo, que se supone dé, lo que necesito... lo que quiero... ¿Será el tiempo? ¿O seré yo?
Se que la respuesta ya la tengo, pero la vida no. Yo no tengo la última palabra, ni la de en medio, ni la del inicio. Sólo he permitido que los momentos sucedan, y que algunos de mis caprichos sean concedidos. ¿Para qué? He sentido y siento el amor de muchas personas, personas valiosas, únicas, eternas en mi espíritu. Pero la confusión sigue en la cumbre de mis sufrimientos.
No quiero llorar más, por que pareciera que no soluciona nada, ni siquiera el dolor de mi pecho.
Tanto amor que me rodea. Me inunda, me hace feliz, y a la vez sufrir.
Ebria de emociones, dolores y sentimientos. Mareada de las decisiones que he tenido que tomar. Aceptando, haciéndose responsable. ¿Hasta que punto? ¿Hasta dónde se debe de sacrificar? Por tus pasiones, por tus preferencias, ¿a cambio de qué?
ME duele mi corazón que parece estar cansado de sentir. Los atardeceres me duelen, y siempre me generan el llanto natural. La mirada de los niños, la inocencia de los animales, me duelen su bondad, y enfurezco por no encontrarlos en un mundo mejor.
¿Se podrá volver a empezar? Ya se que no.
Mi mente comienza a aceptar lo que mi cuerpo, y mi espíritu sienten, mi razón deja de invadir mis pensamientos, los dragones de la mente se duermen, para solo dejar prendido el fuego que se contagió al corazón. Dolores constantes, falta de sueño, sentimientos que pensé que nunca nunca iba a volver a experimentar. La vida te da sorpresas, pero tu las debes saber reconocer. Mi sorpresa es continuar viva en este mar de emociones...
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